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02 octubre 2026Internet y Tecnología
coach de maratón con inteligencia artificial

Coach Vera: el sistema detrás de un coach de maratón con IA

En 2023 intenté que ChatGPT me entrenara para un maratón y lo dejé a las cinco semanas. Lo conté en Entrenar un maratón con ChatGPT: mi experimento fallido. Tres años después retomé el proyecto, pero no con un mejor prompt. Con un sistema. Este post explica qué estamos construyendo y cómo se conecta, sin contar toda la lógica, para que se entienda por qué esto no se resuelve en una ventana de chat.

Lo que falló en 2023 y lo que exige

El experimento de 2023 murió por tres cosas. El coach no tenía memoria: cada domingo había que recordarle la meta y lo que habíamos hecho. No tenía datos: yo era la tubería, exportaba de Garmin, pegaba, explicaba. Y todo pasaba en un solo hilo: el análisis, la metodología y la conversación mezclados, con un modelo que inventaba cuando no sabía.

Si uno toma esas tres fallas en serio, dejan de ser quejas y se vuelven requisitos. Un coach de inteligencia artificial que valga la pena necesita memoria que no dependa de la conversación, datos que lleguen solos, y una separación clara entre quien decide y quien conversa. Eso no es un prompt. Es una arquitectura.

La arquitectura, en cinco capas

Coach Vera, que así se llama, está armada por niveles. Los describo en palabras de persona, no de ingeniero.

  • Datos. Mi reloj Garmin registra sueño, pulso en reposo, variabilidad cardiaca, pasos, peso y cada actividad. Todo eso viaja sin que yo toque nada a intervals.icu, una plataforma de análisis de entrenamiento, y de ahí un proceso automático lo copia cada mañana a un almacén propio: una fila por día de bienestar, una fila por actividad. El día que arrancamos ya tenía un año de historia cargado.
  • Metodología. El coach no improvisa. Tiene una constitución escrita y versionada: principios de entrenamiento, fases, una compuerta médica que no se salta, qué incluye siempre un plan, cómo trata la nutrición, cómo habla según el nivel del atleta, qué hace ante una señal de alarma. Esa constitución la escribe y la cambia el equipo, no el chat, y cada versión queda registrada.
  • Memoria. Lo que el coach sabe de mí vive en un expediente estructurado: campo por campo, desde la fecha objetivo hasta cómo registro lo que como. También hay una bitácora, un historial de cada sesión y, lo más importante, un registro de decisiones: qué me prescribió, por qué, qué hice en realidad y cuál fue la diferencia. Nada de eso depende de que una conversación siga abierta.
  • El coach. Cada domingo de madrugada, un proceso en la nube reúne la constitución, el expediente, 12 semanas de datos y mis notas de la semana, y se los entrega a un modelo de Claude, el de Anthropic, que diagnostica, decide y prescribe la semana completa, día por día, con la justificación escrita de cada decisión. Eso se guarda en el almacén y de ahí sale hacia dos lugares: a mi reloj, donde cada sesión aparece como entrenamiento planificado, y a la interfaz donde converso.
  • La interfaz. Con la que hablo es la misma Coach Vera, pero por diseño no es la que decide. Lee y escribe el almacén por un canal propio, hace la entrevista inicial, me explica el plan, anota lo que le cuento y, si pido un cambio a media semana, no inventa nada, corre la arquitectura necesaria para adaptar. Esa separación es la que faltaba en 2023. Básicamente, estaré chateando como lo haría con un coach humano por whatsapp.

Las conexiones

Lo que hace que esto funcione no es ninguna pieza por sí sola, sino que estén conectadas. El reloj alimenta la plataforma de datos. La plataforma alimenta el almacén. El almacén alimenta al coach. El coach escribe en el almacén y en el reloj. La interfaz lee y escribe en el almacén. Y una vez por semana, otro proceso toma lo que pasó y deja un borrador de post en este blog, firmado por Coach Vera. Ese es el origen de su presentación.

Todo el sistema se construyó en varios días de trabajo con Claude Code, la herramienta de Anthropic para programar con IA, y corre en infraestructura que ya usaba para otras cosas (github, vercel, airtable, etc). Una sesión semanal del coach cuesta alrededor de medio dólar para que se den una idea. No es el costo lo que lo hacía difícil. Era saber qué conectar con qué y en qué orden.

Lo que Coach Vera puede hacer

Con esas conexiones, el coach ya hace cosas que en 2023 eran imposibles, y otras están en camino.

  • Entrevista inicial. La primera conversación es la misma que tendrías con un coach de carne y hueso: objetivo, historia, salud, vida, equipo, cómo comes, cuánto sabes del tema. Todo queda en el expediente y no se vuelve a preguntar.
  • Diagnóstico y plan semanal. Cada domingo lee los datos y dice dónde estoy con números, no con adjetivos, y prescribe la semana día por día con la razón de cada decisión.
  • Compuerta médica. Mientras no haya valoración médica con apto, no prescribe carrera ni intensidad, aunque los datos se vean bien. No es negociable y lo aplicó el primer día.
  • Nutrición ligada al plan. Sabe si el objetivo es solo correr o también bajar de peso, decide cuál manda cada semana y lo dice, con límites para que lo uno no estorbe lo otro.
  • Ajustes a media semana. Si hay un viaje, una molestia o un cambio de agenda, se lo cuento a la interfaz y el coach replantea el resto de la semana en minutos. Si hay una señal de alarma, detiene el plan y manda al médico.
  • Intervención. Lee lo prescrito contra lo realizado. Una semana saltada o un desvío repetido en silencio no se perdonan con un “la próxima será”: se nombran.
  • Al reloj. Cada sesión aparece en el reloj como entrenamiento planificado, con su descripción, sin que yo copie nada.
  • Memoria completa. Expediente, bitácora y registro de decisiones: dentro de seis meses va a saber qué me prescribió en octubre, por qué, y qué pasó después.

Lo que viene: una biblioteca de conocimiento con fuentes y fecha, para que las recomendaciones de nutrición, suplementación, hidratación o recuperación salgan de evidencia y no de memoria; un plan de fondo hasta Berlín para que las semanas no deriven; pruebas del coach contra escenarios antes de la fase de carga; y, cuando cambie de reloj, el mismo sistema con otro dispositivo. Más adelante, una interfaz por mensajería y un segundo atleta.

Lo que no voy a contar

No voy a publicar la constitución completa, ni las reglas con las que el coach decide cuándo intervenir, ni cómo arma la nutrición o en qué momento cambia de método. Eso es el trabajo de fondo, y es lo que separa un coach de una lista de entrenamientos como las que vienen en las apps para running. Lo que sí voy a contar, cada semana, es cómo se comporta: qué decidió, si acertó, en qué se equivocó y qué ajustamos.

Por qué esto no es una app más

Las apps de entrenamiento te dan un plan genérico y lo ajustan con dos o tres variables. Un buen entrenador humano te conoce, te lee y, cuando las cosas no van bien, te lo dice. Eso segundo es lo que estamos probando que una IA puede hacer si tiene lo que le faltaba. El primer día ya dio una muestra: con un año de datos enfrente y sin apto médico reciente, no me dejó trotar ni jugar pádel, me puso tres caminatas, dos sesiones de fuerza y una regla de nutrición, y me dijo, con mis propios números, que llevaba meses arrancando y parando. Ninguna app me había dicho eso.

Si el experimento funciona, lo que hay detrás puede ser algo. Si no funciona, habré aprendido más que en 2023, y lo voy a contar igual. De todo lo que sigue también escribiré, en esta serie y con Coach Vera contando su parte.

Esto es el experimento personal de alguien que quiere terminar el Maratón de Berlín de 2027. No es un plan de entrenamiento ni consejo médico para quien lo lee.

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