De amateur a Fuerzas Básicas, y de ahí a Futbolista profesional

11 marzo 2008

El camino para convertirse en un profesional del fútbol no es fácil. Cada vez que tengo oportunidad de charlar sobre la formación de estructuras, de metodología y como la tecnología les puede ayudar a ello, siempre aparece una historia de aquel que sabía jugar, pero no pudo llegar por diversos motivos.

Los que no llegamos, tenemos la excusa ideal siempre. En mi caso, digo: “Antes era muy difícil que te vieran… tenías que costearte un viaje a algún club para ir a probarte…” La realidad es simple, de haber querido realmente ser jugador profesional, hubiera agotados todos los medios para conseguirlo, y no quedarme esperando a que la oportunidad tocara mi puerta, o como dije, realmente no era mi meta profesional.

Y así escucho cientos de historias donde unos dicen que fue el entrenador que no lo quiso, y lo relegó dándole el lugar a un “apadrinado”, a alguien con privilegios, sobrino o “recomendado” de un directivo. También se quejan de que cuando un entrenador se va, llega otro y al no ser de “su gente” da preferencia a otros, y así nos vamos. Se que mucho de esto es realidad, sucede, y seguirá sucediendo, pero una cosa he comprobado: la dedicación, la lucha, la constancia, la perfección, y la perseverancia no pueden verse derrotadas así tan fácil.

Los chicos de ahora tienen que entender que el mundo actual es una competencia fuerte y feroz en todas sus facetas. Ahora, hasta para entrar a tal o cual secundaria o preparatoria hay que competir, ya sea para sacar una ficha de inscripción, ya sea presentando un examen, así que todo el tiempo están compitiendo. Para ser el mejor, hay que prepararse mucho, los jóvenes que quieren llegar a ser profesionales, tienen que comportarse como tal. El llegar requiere sacrificios y tienen que entender que su medio de trabajo es su cuerpo y tienen que cuidarlo: alimentación, ejercicio, descanso.

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Los que dan el salto a un entrenamiento de fuerzas básicas, después de años de amateurismo, resienten el cambio porque difícilmente antes de eso, alguien los va a entrenar tan intensivamente y de forma ordenada como ocurre en un club profesional. Aquí el riesgo es que los “chavos” no quieran asumir la nueva responsabilidad, no se cuiden, y les ocasiones pereza el seguir los entrenamientos. Muchos abandonos son por falta de disciplina en esta etapa. Ser profesional o querer serlo implica desprenderse de muchas cosas que son comunes en la juventud: fiestas nocturnas, desvelos, consumo de alcohol y tabaco, entre otros. Alguien que quiere llegar lejos no puede darse el lujo de regalarle ventajas a otros miles de chicos que también buscan un lugar.

La preparación debe ser en todos los niveles: moral, ético, físico, psicológico, técnico, táctico. El jugador debe buscar ventajas para avanzar más rápido en su camino, y ser un referente para sus entrenadores. El jugador que estudia, que se prepara que intenta entender el juego, asimila más rápido las pretenciones del entrenador, y si además lo ejecuta correctamente en el campo, les aseguro que ningún entrenador se desprende de un elemento con estas características.

Los que ya están en Tercera o Segunda División, tienen una responsabilidad muy grande, deben seguir creciendo en su nivel de juego, pero ya son parte del fútbol profesional. Deben ser referentes de su entorno, y también crecer en la parte que no es futbolística. Aquí muchos se quedan, y ya no llegan más lejos, porque la disciplina se puede perder al conseguir las primeras ganancias, el primer reconocimiento, las primeras glorias y una promesa puede perderse muy rápido.

Al final, me parece que llegar a ser un profesional del fútbol, implica mucho trabajo, sacrificio, muchas horas de práctica, entrega en cuerpo y alma, y muchas ganas de realmente QUERER SER. Es como si fuera una carrera de resistencia con obstáculos, hay que esquivarlos para seguir adelante, siempre para adelante, y donde el principal obstáculo, siempre es uno mismo.

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