Seamos claros, hoy el sabor es agridulce: clasificamos perdiendo. Todos hablamos, todos opinamos, todos tenemos derecho. Quizás pocos dentro de todos tienen la razón, y y ahí tiene el fútbol su magia.

Es numeroso grupo de fanáticos futboleros tiene potestad para opinar según su albedrío y criterio lo permite, con la autoridad que nos da entender la simpleza de este juego, y su facilidad para que todos los que comentan lo hayan practicado de alguna forma, eso no sucede con el Basket donde se privilegia la altura, el volleyball que es menos practicado, el fútbol americano donde se requiere fuerza y potencia. En el fut, un gordito bajito puede hacerla en grande, un flaco espigado también. Por eso todos opinamos como grandes conocedores, hasta los que en su vida pudieron driblar a alguien en el campo pueden dignarse de intentar ser líderes de opinión. Esto no es un llamado a que no opinen, es un llamado a entender porque esta oleada de criticas, comentarios, discusiones y polémicas.

¿Dónde queda la verdad? en ningún lado. Entre todo esto, va a quedar perdida. Sin embargo, en el consenso general se pueden encontrar claves: el resultado dice te ganaron. En el ambiente queda la sensación de “se pudo hacer más”.

Y con México pasa sistémicamente: rivales inferiores y juegas igual de mal, te acomodas a su nivel. Así hemos visto juegos de bostezo contra El Salvador, Bolivia, Guatemala. Rivales superiores, te esmeras y juegas al 100%: Inglaterra, Italia, Francia, Argentina en Mundiales, Brasil en Confederaciones, etc. Ejemplos podemos desempolvar cientos.

Uruguay, no es potencia mundial hoy por hoy, sin embargo si es exportadora. México exporta menos, pero tiene una mejor liga local. Históricamente los números estaban a favor de México, si bien Uruguay no es como para tener miedo, pero tampoco como para minimizarlo. Hablaría más de una igualdad, donde cualquier podría haber ganado en un duelo parejo y disputado.

México jugó por debajo de lo esperado, y Uruguay en el nivel que exhibía. Ese bajón mexicano sigue siendo inexplicable, yo lo achaco a dos cosas: los planteamientos tácticos iniciales, y una cierta displicencia monumental, especialmente de la zona baja, que costaron cambios para corregir. La palabra es “inestable”. Muy irregular, de muchos altibajos.

El nivel y compromiso que mostraron contra Francia con la necesidad de ganar exhibió  a un México que puede dar más, cierto contra la peor Francia de la historia, pero ese México no se vio contra Uruguay, repito en parte por una incorrecta lectura del juego por parte del cuerpo técnico, y segundo, por tratar de jugar con el “score” en una actitud que dejó que desear. No nos hemos enseñado a jugar a tope cada partido y el origen podría estar en nuestra liga.

Si había un equipo que corre, lucha, muerde, picotea todo el tiempo, ese es Uruguay, y no solo este Uruguay, es el de toda la vida: rocoso, suavecitos, combativos, garrudos. Y Aguirre cree que Cuauhtémoc Blanco puede estar a la altura de esa movilidad, de ese pressing y sabiendo que Blanco no tiene las condiciones físicos para aportar, y se regala mucho en el aspecto defensivo. Guardado intenta suplir con ese aporte físico la  carencia natural que implicaba el asunto de Blanco, pero extrañamente, Aguirre sigue sin confiar del todo en “el Mariscal”.  Guille Franco es el blanco favorito actualmente, ya es mucha presión, ya es mucho donde el Guille no puede hacer la doble función de jugar de poste y ser eje de ataque. No anda fino, llega forzado, y las miradas lo señalan a el, esa saturación de comentarios, esos fallos, lo deben sacar de la alineación.

Aguirre tuvo que recomponer y lo hizo a medias, cambio acertado Israel Castro que puso en igualdad de pundonor y carrera a México contra un Egidio Arévalo. Bajando a Márquez que es todo, menos un picapiedras correlon y con ello consolidar la displicente defensa del momento. Uruguay replegó, y dejó de tener claridad, solo se dedicó a aguantar. Barrera y “Chicharo” no se cansan de demostrar que el equipo revoluciona con ellos. Era un partido que requería velocidad, juego de un toque, aprovechar que sus defensas centrales son más lentos, y esa mala lectura costó un gol y 45 minutos. Eso hubiera ido más cercano a un empate por lo que ambos equipos pueden exhibir. La sensación final es que Uruguay jugó a tope, tanto en la cancha, como en el banquillo; y México no. Hay una cuestión mental de por medio, que combinado con la falla táctica desembocó en un 1-0 en contra y peleado. La mínima diferencia, no perdamos eso de vista.

La salida incomprensible de Guardado, con la inercia del partido era vital: Guardado, Barrera, Chicharito, Giovanni veloces, pícaros y potentes. Torrado y Castro mordiendo todo el tiempo y con solidez atrás con un Rafa Márquez enfocado. Era lo requerido.

Jared Borgetti, históricamente goleador en México, entrevistado afirmó: “Cuando jugamos con equipos inferiores o de potencial similar, tenemos excesos de confianza”, así que quienes creen que la parte mental de nuestros jugadores no juega, están equivocados.

Y si no, arrieros somos, en el camino andamos, y al baile vamos: contra Argentina daremos un gran partido, jugaremos de tu a tu, independientemente del resultado. ¿Alguien piensa diferente?