También le pude llamar a esta editorial, “De como no vivir en una burbuja“.

He estado rodeado de muchos acontecimientos futbolísticos bastante benignos que me tienen en un estado permanente de comparación de ideas, reflexiones y demás por lo que el entorno va dictando. He llegado a conclusiones importantes en el último año. Las quiero compartir con todos ustedes.

La primera y más importante, los que nos involucramos demasiado en el fútbol, vivimos en una burbuja, o bien en una “capsulita” (frase muy regiomontana, pregunten ustedes) que no nos permite ver o captar lo que hay un poco más allá de nuestras narices. Es decir, vivimos tan metidos con nuestro equipo, con nuestra pasión que no somos capaces de percibir el fútbol como lo percibiría el resto de la gente.

Esto puede ser peligroso, especialmente desde ciertas posiciones. Un aficionado no se da cuenta de que su equipo quizás no es todo lo bueno que piensa de el, o no está lo suficientemente arraigado como el cree, o la marca que su equipo representa puede ser conocida, pero a la vez, puede no estar bien posicionada. El cree que todo mundo lo percibe igual, y quien no concuerda con el, o no sabe, o no le interesa o es apático, o es villamelón, o no es “normal”.

Ese es el punto medular. El aficionado critica a jugadores, entrenadores, medios de comunicación y directivos en base a una percepción muy específica, de un mundo donde todo gira en base a su equipo y cualquier afrenta se toma como monumental y desmedida. Hasta cierto punto es entendible, la cosa se complica cuando los directivos pasan por el mismo efecto y tienen una percepción similar al aficionado.

¿A quién tiene que conquistar una directiva? ¿A esos aficionados que ya tienen su vida girando en torno al equipo? ¿A aquellos que son “apáticos” y/o villamelones? ¿Cómo mantengo “enamorados” a los que ya están?

La elección no parece tan sencilla, porque una sola estrategia no puede abarcar a los dos sectores grandes en que hemos dividido a los aficionados, o en términos de negocios, los consumidores de la marca que el equipo representa. Vuelvo a repetir: Marca conocida vs Marca posicionada.

Aficionados de “hueso colorado” y directivos tienen que empezar a vislumbrar donde está parada su marca y empezar a ver más allá del horizonte actual. Estar rodeados del mismo entorno futbolero de siempre, nos termina haciendo creer que las cosas “así son” cuando miles de personas quizás están viendo otra.

Es como en las historietas donde Tarzán es criado por gorilas y termina adaptando su hábitos a la selva. Lo mismo acá, todo lo que te rodea habla de fútbol y de tu equipo, tus amigos los seleccionas por tu afinidad al equipo, tus nuevos conocidos llegaron por el futbol, tus nuevos contactos llegaron por el fútbol, pero estás rodeado tanto de lo mismo, que terminas convenciéndote de que los aficionados habituales te marcan el camino, cuando quizás hay más del doble o el triple esperando por ser conquistados y se ha tomado el camino incorrecto.

Ojo clubes, ojo aficionados. Quizás sus marcas (equipos) no son exactamente lo que piensan que son. La única forma de saberlo es salirse de la burbuja, salirse de la “capsulita”, ver las cosas desde otra perspectiva, conocer otras formas de hacer las cosas… y el primer paso es preguntarse:

¿Y si las cosas no son como las percibo o como creo que son? ¿Y si todo lo que me han dicho, que no quiero creer, es verdad? ¿Hay una posibilidad de que esté equivocado?

Como dicen habitualmente en casos psicológicos: para poder cambiar algo, primero hay que aceptar que se está mal.