Asumiendo un rol 100% deportivo en mi vida profesional, me he dado a la tarea de observar, con mayor detenimiento, diversos entornos en los que estaba inmerso y hoy termino de comprender.

Por diversas situaciones, he conocido el fútbol profesional mexicano, y a últimas fechas me he relacionado con el de otras latitudes. De repente, me veo escudriñando un mundo desconocido para el fanático de una plaza de Primera División: las divisiones de ascenso.

Hay quizás la misma o mayor pasión que con los equipos de Primera. Solo que no hay difusión. He visto que una Tercera o una Segunda División pueden ser rentables deportivamente, económicamente y pueden llevar a cabo prácticas de equipos de Primera o de nivel mundial. Momento, no se rían, todo esto es cierto y cada vez oirán más al respecto.
Para llegar lejos en estas divisiones, se requiere voluntad, deseo de ser, y debo decirlo, asesoría profesional. Hay gente que piensa que esto puede ser un gasto innecesario, pero he confirmado que tener un plan y un estudio de factibilidad de lo que se quiere realizar, garantiza más posibilidades de éxito, con un uso eficiente de recursos.

Sin embargo, lo más importante son las ilusiones y pasiones que levantan estas divisiones en plazas que no tienen estructura de Primera División: es la fiesta llevada al lugar que no la tenía. Los chicos se les nota una ambición por jugar con la pelota, por sobresalir, por mejorar, por salir del anonimato y de repente verse jugando contra o con el América en el Estadio Azteca. La ilusión no solo existe en el chamaco, si no en los familiares y aficionados que les gustaría ver como uno de los suyos rompe las barreras y gracias a su talento con la pelota, logra salir a probar nuevos horizontes y hacerse de un lugar en la élite del fútbol nacional.

Todo es compartido, también el directivo sueña con que le reconozcan el trabajo, sueña con ascender al club, hacer algo de patrimonio contribuyendo a la vez con su comunidad.

Todos estos sueños siempre tienen amenazas de las que no quiero hablar en este momento, porque sigo teniendo en mi mente a todos estos chicos que he visto desde el inicio del año hasta el día de hoy: esforzados, con el rostro lleno de sudor, algo de tierra, pero con sus ilusiones intactas de algún día llegar a Primera División.

Por eso, cuando colaboro con un granito de arena para fincar mejores estructuras y herramientas para su desarrollo, también comparto la ilusión de que alguno de estos chicos, de que alguno de estos clubes destaque como un modelo generador de talento y de bienestar comunitario.