José es un mexicano como cualquier otro, de 26 años, casado y con una hija que cursa quinto de primaria.

Según me platica, no le va en la vida como quisiera en la parte económica, pero dice que no se queja, a pesar de haberse “tenido” que casar porque su novia (dos años menor que él) resultó embarazada.

Me dice que ella es una buena esposa y madre, y que su hija lleva los primeros lugares en la primaria pública a la que asiste a pesar de que muy apenas les alcanza el dinero.

“Terminé la secundaria, y ya no quise seguirle….” cuenta con sinceridad; anduve haciendo algunos jales (trabajos) para comprar mis cosas, estar con la raza, y pasar el tiempo, cuando la conocí a ella, pues me gustó y me aventé….”

“Vino lo de la niña, y agarré la onda que tenía que darle duro por todos lados para salir adelante… los papás de mi esposa no me veían bien por todo lo que había pasado y a pesar de que les va mas o menos, casi no nos apoyaron…”

José se levanta muy temprano en las mañanas, y desde ese momento toma su paquete de Diarios Deportivos que vende en un crucero de la ciudad todas las mañanas, de ahí se pasa a un taller de carpintería donde trabaja el resto de la mañana y parte de la tarde. Luego, se va con su esposa a ayudarle a vender tostadas con salsa, dulces, y otras cosas por su casa, cerca de la primaria donde su hija estudia.

“Con todo esto sacamos para comer y que no le falte nada en la escuela a la niña… la verdad a veces me siento muy cansado, pero cuando veo lo que ella hace en la escuela, veo sus calificaciones, y veo las ganas que le pone para estudiar, me doy cuenta que la friega que me meto no es por nada….”

José me cuenta que de unos años para acá, fruto de su constancia, de su esfuerzo, de la unión con su pareja y su hija, los papás de sus esposa les han tendido la mano con mucha decisión y pronto dejará el taller de carpintería y el crucero donde me vende el diario deportivo.

“Me voy a poner una tiendita en la colonia donde vivo… con la ayuda de mis suegros” me confesó en un tono orgulloso y satisfecho.

José: en el crucero te vamos a extrañar.